LA ESTRELLITA PLATEADA

POR: @vergaracesar1

Cuento infantil para papás

Esta era una Estrellita que vivía en el cielo, por allá arriba, muy lejos, apenas se veía. Era una Estrella muy bonita, irradiaba una luz plateada muy especial y muy limpia.

Esta Estrellita brillaba y era feliz. Y así pasó mucho tiempo.

Brillaba todos los días y todas las noches, y pasaron muchos días y meses y semanas y años y más meses y más semanas y más años y no pasaba nada.

Un buen día la Estrellita se desesperó y dijo:

—Ay, yo no sé para qué brillo tanto: llevo aquí años y años irradiando luz para todas partes, y todo ¿para qué?

—A nadie le importa, y como hay otras Estrellas más grandes, más bonitas y más brillantes, pues de seguro nadie me ve.

—Yo ya me cansé. Ya nada más voy a brillar el día de hoy y mañana ya no brillaré más.

Después de decir esto, se quedó muy callada y muy pensativa.

Pero esa noche, vino a visitarla un Angelito de la Guarda

—Hola, Estrellita, ¿cómo estás?

La Estrellita Plateada se puso muy contenta porque casi nunca recibía visitas.

—Hola, Angelito, qué gusto saludarte.

Entonces el Angelito le dijo:

—Oye, Estrellita, te vine a ver porque Papá Dios me contó que ya no querías seguir brillando, y a mí eso me preocupa mucho.

La Estrellita le explicó:

—Pues sí, es verdad: yo ya me cansé: llevo años y años brillando acá arriba para nada, nadie me ve, no le importo a nadie, así que ya no quiero seguir brillando.

El Angelito se consternó mucho y le dijo así:

—¡Pero qué locuras estás diciendo, Estrellita! No sabes lo que dices, estás muy equivocada.

La Estrellita se sorprendió mucho.

—¿Por qué me dices eso, Angelito?

—Pues mira :-indicó con el dedo-. ¡Fíjate bien!:

—Yo soy el Angelito de la Guarda de una niña muy pequeña que vive en la Tierra, que es un planeta plateada muy bonito, igual que tú, y muy chiquito, perdido en la inmensidad del Universo, igual que tú.

—Y dentro de ese planeta vive una niña más chiquita todavía, pero que además está enfermita; y a pesar de ser tan pequeña y frágil, el amor que siente por ti es tan gigantesco, claro y puro como la luz que tú irradias.

—Todas las noches esa niña se baja de su cama y se asoma a la ventana. Durante mucho rato te busca en el firmamento hasta que te encuentra.

—Ella sabe que en el cielo hay muchos otros cuerpos celestes, más grandes, más brillantes, más bellos, pero para esa niña la Estrella más hermosa eres tú porque tus sentimientos son puros como su corazón.

—El hecho de contemplarte y soñar contigo, a esa niña le da la energía y la esperanza de seguir viva y luchando contra su enfermedad.

Después de esto, el Angelito continuó:

—Y es por esa niña que yo hice este viaje tan largo, para pedirte un favor: no dejes de brillar, Estrellita. No importa qué tan pequeña o insignificante tú te sientas en este momento: hay una personita en el mundo para quien tú eres lo máximo en todo el firmamento, y como ella, puede haber otras para quienes tú signifiques mucho.

—No dejes de brillar, Estrellita: una criatura indefensa necesita tu luz y tu bondad.

 Después de decir esto, el Angelito se fue de regreso a la Tierra a cuidar a la niña enfermita y la Estrella Plateada se quedó muy pensativa.

Comprendió entonces que brillar con luz propia es muy importante, aunque no siempre tengamos claro para qué nos sirve.

 A partir de ese día, la Estrellita brilló con toda su intensidad y todo su amor, con esa luz plateada, clara y pura, única, deseando con todo su corazón que esa niña lejana lograra curarse algún día.

Muchos años habían pasado cuando un buen día llegó de visita el mismo Angelito de la Guarda.

La Estrellita se puso muy contenta y le preguntó por la niña.

 —Ay, pues está muy bien: fíjate que gracias a ti y a la luz tan llena de amor que le irradiabas todos los días, esa niña se curó, creció y ahora es toda una mujer.

—A veces se pone a ver el cielo, y te busca mucho rato hasta que te encuentra. Se acuerda mucho de todo lo que hiciste por ella y te lleva en un lugar muy especial en su corazón.

–Te tiene un cariño grandísmo que no se compara con nada. Constantemente ella te agradece desde el fondo de su alma, por haber seguido brillado para ella cuando ya te habías cansado de seguir adelante sola.

—Por eso te vine a ver el día de hoy, para darte las gracias de su parte.

 Con esto la Estrellita Plateada se puso muy contenta porque comprendió cuál era su lugar en el Universo, y continuó brillando con luz propia para siempre.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: