FER XV

Por: @vergaracesar1

Yo sabía que tu nacimiento era un evento importantísimo, por eso me fui al hospital vestido de traje de tres piezas: para estar presentable al momento de conocer a mi hija mayor.

Según yo, no estaba estresado, pero la noche previa, mientras preparaba la maletita para el hospital y hacía apuntes en el Diario del Bebé, me rompí una muela por apretar tanto los dientes: estaba muy emocionado.

Sin embargo, el dentista tendría que esperar aún largo rato…

Pero largo

Todo fue felicidad y alegría con tu llegada: besos, abrazos, lágrimas de contento…

Entonces fue que me pasaron la cuenta del hospital.

Todavía no sé si por suerte o por desgracia, yo era demasiado joven para morir de un infarto, que si no, ahí mismo me quedaba tirado.

Ya que por fin pude recuperar el habla, mi primera pregunta fue:

–¿Por qué tanto? Si yo puse todo: la niña la puse yo; bueno, la puso su mamá pero a la mamá la traje yo.

La dio a luz, pues.

No pretendo abochornarte frente a todo el mundo contando todas tus gracias.

Contaré solo algunas.

Por ejemplo:

Las primeras palabras que dijiste fueron: papá. mamá e inmediatamente después de eso, coca.

–Niña, tómate tu leche.

–No, yo quiero coca.

Ya desde temprana edad mostrabas una firmeza de carácter y un temperamento bien puestos.

Un día, luego de que vimos contigo el álbum, estabas enojadísima y exigías a gritos saber por qué no te habíamos llevado tu mamá y yo a nuestra boda.

Te expliqué que (aunque hay quienes se comen la torta antes del recreo –bueno, no te lo expliqué pero sí pasa – ) al momento de la boda tú eras apenas un suspiro en la mente del Magnánimo Creador de todas las cosas.

Yo siempre estuve convencido de que el mejor regalo que le podemos dar a nuestros hijos es el recuerdo de una infancia feliz, por lo tanto traté de ser un papá divertido.

A ti de chiquita lo que más te divertía era jalarme los pelos y morderme una oreja.

Ah, sí, y de vez en cuando en vez de darme un beso en la mejilla, me lamías.

Como parte de la diversión te contaba cuentos para dormir.

Invariablemente tú me pedías alguna historia conocida, como Blancanieves o Ricitos de Oro.

Yo te decía:

–no hijita: para eso tienes un papá escritor, para que te cuente un cuento distinto cada noche.

A partir de los cuentos que entre tú y yo inventamos, surgieron muchos otros. Posteriormente los mandé ilustrar. En un tiempo más saldrán publicados en un libro.

Ya para terminar, quisiera mencionar otra anécdota:

Ya que sabías hablar bien yo te decía:

–hijita, tú eres mi esperanza, mi esperanza de que este mundo va a ser un lugar mejor para vivir, etc.

Y tú me contestabas, muy seria:

–Yo no quiero ser tu esperanza, papá.

–¿por qué no, hijita?

–Porque yo no me llamo Esperanza, yo me llamo María Fernanda.

Y así es, hjijita: mi Marifer, Fersita, mi dulce María.

Para terminar, quisiera darte mi bendición:

Bendita sea la tierra que pises, tú y toda tu descendencia.

¡Felicidades!

Y lo que no dije en el discurso:

Como de día no me doy permiso, por las noche me duermo y sueño que lloro porque te extraño horrores.

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